Ruta Castillo de Azagala. Alburquerque

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Nos hemos trasladado hasta una zona de escarpadas sierras, de una riqueza infinita, de una belleza que te inunda, te aplasta. Fronteriza. La Sierra de San Pedro. Es como un gran escondite que guarda tesoros que se van transmitiendo celosamente de habitantes a viajeros. Una tierra bañada por ríos, castillos, grandes haciendas, pueblos, tradiciones y caminos que nos llevan y nos traen por buena parte de la historia de Extremadura. Sus castillos dan fe de que fue zona defendible, la raya de papel, la maldita frontera que nos separa. Nosotros vamos a conocer una de estas fortalezas, desgraciadamente abandonada y expoliada poco a poco, una telaraña en tiempos en los que la prisa y el dinero condicionan parte de nuestra memoria que aquí, en estas murallas, se va cayendo sin vergüenza de nadie.
La ruta hasta el Castillo de Azagala que despidió a sus últimos moradores allá por 1995 y que hoy, abandonado, sigue imponiendo un respeto silencioso cuando se recorren sus patios o se asciende a sus torres. Son 15 kilómetros fáciles de hacer pero de una belleza magnífica. Jaras, roquedos, agua y un castillo para recibirnos. Para iniciar la rura nos trasladamos a Alburquerque y una vez allí buscamos el camino de la Presa de la Peña del Águila. Hay varias opciones para hacerla, una es llegar hasta la presa y recorrer los poco menos de cinco kilómetros que hay hasta la fortaleza, nosotros hemos preferido una ruta algo más larga que nos haga disfrutar de la zona. Partimos de un enclave, indicado del que parten varias rutas, nuestro camino, Ruta 1, Castillo de Azagala

Iniciamos la marcha en una zona ganadera, explotada y con una dehesa limpia y cuidada, los caminos están arreglados y facilitan la caminata. Recién comenzamos.

Al dejar las fincas más abajo, comenzamos una ligera subida por un terreno algo más escarpado que nos recibe con la jara en flor y con un olor que lo inunda todo. Huele a Extremadura, debe ser algo así cuando lo piensas

Pequeños repechos que para el caminante son una delicia, pues de repente, se descubre un paisaje nuevo, una sorpresa que anima a seguir andando

Nuestro asombro venía del cielo esta vez, una bandada de buitres leonados, cada vez más habituales en Extremadura, sobrevolaba nuestras cabezas.

Descansaban tranquilos sobre las rocas, jugando en el vuelo y disfrutando, seguro, de mejoras vistas que nosotros.

Aunque, como queda demostrado, nosotros no podemos quejarnos. Inmenso terreno, una alfombra de jaras que se pierde a la vista.

Así descendemos otra vez hacia la dehesa, un sube y baja a la vista que nos hace caminar en silencio

Ha sido un invierno lluvioso, el camino se interrumpe invadido por el agua, un pequeño arroyo se convierte en un obstáculo insalvable…

…aunque siempre hay una alternativa

Salvado el escollo, pisamos ahora una dehesa de foto, preciosa en este tiempo en el que los colores y olores nos van empujando…

Es tiempo de flor de jara en Extremadura

Las indicaciones en pizarra; estamos cerca de Villar del Rey, tierra de ellas, nos dicen que llevamos el camino correcto. Reagrupamos senderistas.
Una piara de ibéricos nos observa indiferente, más preocupados en comer y engordar para mayor gloria de futuras exquisiteces.

La dehesa es autosuficiente

Nosotros seguimos informados. La Ruta se va construyendo.

La dehesa se va dibujando de primavera obligada de marzo. Estalla la flor en cuanto el frío se retira. Esta tierra es así de agradecida.

Traspasamos las muchas puertas del campo para afrontar el camino hacia el castillo.

Y la presa de la Peña del Águila aparece ante nuestros ojos, recoje las aguas del río Zapatón entre Villar del Rey y Alburquerque

Al fondo el castillo de Azagala ya nos vigila… y nos llama.

Hasta allí ascenderemos para abrumarnos con la belleza de la zona en un día gris pero delicioso.

No somos los únicos, un grupo de ciclistas recorre el camino que lleva hasta el castillo.

Nuestro paso es tranquilo, la dehesa nos arropa y no hay prisas por conquistar la fortaleza

Allí arriba, la vida es otra. Los espiritus de los años y de quienes aquí vivieron nos andan llamando.

Ahora lo que viene es la subida, y esa sí es insalvable.

Mientras tanto el pantano se muestra a la vista. A 5 Km de distancia de la localidad de Villar del Rey, se abastece del río Zapatón. Fue construido en el año 1903 e inaugurado por el Rey Alfonso XIII. En el año 1988 se llevaron a cabo obras importantes para poder almacenar más agua para el abastecimiento de Badajoz capital y poblaciones del entorno. El muro antiguo quedo sepultado por las aguas y aún se pueden divisar sus castilletes emergiendo de las aguas en los años de sequía. Abundan la carpa común y royal, barbos , bogas y black-bass, haciendo frecuentes repoblaciones de carpas y black-bass.

La Fortaleza de Azagala está cada vez más cerca

Algunos, en avanzadilla, van llegando a sus puertas ¡ah del castillo!

El pantano sigue creciendo a medida que continuamos subiendo

Hemos llegado a Azagala. En la misma línea natural del castillo de Alburquerque, se yergue soberbio y majestuoso el castillo, mitad fortaleza, mitad residencia de nobles y campesinos.

Dicen las crónicas que en un principio, el señorío de Azagala formó parte del ” Alfoz ” o distrito de Badajoz. Más tarde lo tomaría en posesión D. Juan Alonso de Alburquerque para dejarlo a D. Martín Gil de Sousa; Este a su vez, en 1312, ante la oposición de su cuñado Alonso Sánchez, lo lego a su sobrino D. Pedro Castro. En 1373, recibió el castillo el Infante D. Sancho que lo donó en 1416, a su hija Dª Leonor de Castilla, condesa de Alburquerque y reina de Aragón, de quién lo heredaría en 1426, su hijo, D. Enrique, el Infante de Aragón. Recuperado el señorío de Azagala por la Corona, esta la cedió a D. Alvaro de Luna. A su muerte, en 1461, el Rey D. Enrique IV lo devolvió de nuevo a la Orden de Alcántara. D. Alonso de Monroy, Clavero de la dicha Orden, conocido con el sobrenombre del ” Sansón Extremeño, falleció en Junio de 1511 en la fortaleza a la edad de 92 años. En 1750 la Encomienda sería comprada por D. José Gómez de Terán, Marques de Portago.

Nosotros hicimos una pequeña foto de familia desde la torre del homenaje que aún se conserva

Yo también estuve, y esta vez dejo constancia de ello

Era imposible abstraerse y no llevarse guardada la imagen de esta fortaleza que quizá no volvamos a ver pues se encuentra en un estado de total abandono y en proceso de ruina galopante.

Detalles de su pasado glorioso, impresos en mármol. Tarjetas de visita de las familias que habitaron estas almenas.

Tiene forma rectangular y se divide en tres recintos. La puerta de acceso al recinto principal, ante la que se extiende una explanada con barbacana, se ofrece entre dos torres, la de la izquierda pentagonal y la otra cuadrada, y se abre al oeste, mediante un arco adovelado, de medio punto.

Los restos de la antigua iglesia deteriorados. Muebles que seguramente valdrían una fortuna se caen de vergüenza y de abandono.

Es de destacar la torre de Armas, cuadrada de dos plantas, levantada con granito y mampostería.

Nosotros tratamos de imaginar cómo sería la vida en otros tiempos del medievo o en algunos no tan lejanos, al fin y al cabo estuvo habitado hasta hace algo más de 15 años

Privilegiado entorno, y difícil seguro, en una tierra donde la vida es lo bastante dura, las comodidades no han existido nunca, no era vivir por lo que se luchaba, si no por sobrevivir y es que este castillo fue, seguro para muchos, una cárcel de oro.

Su lugar es un promontorio que permite que nuestra vista disfrute de las escarpadas sierras. Esta en la que se levanta el castillo se conoce como Sierra de Santiago

Dejamos estas galerías silenciosas y ruinosas, admirados por la construcción, pero enojados por que tan rico patrimonio caiga en el abandono, sea público o privado, nadie debería permitir que la historia cayese al suelo estrepitosa y olvidada para arrepentirse cuando ya nada pueda hacerse.

Desde semejante atalaya el paisaje no entiende de fronteras ¿cuántos ojos habrán defendido este enclave?

Por encima de nosotros las grandes rapaces mandan en el cielo. Estamos vigilados.

No tienen prudencia ante nuestra presencia y hacen del vuelo raso nuestra compañía y admiración

Se quedan mirando desafiantes, atentas a nuestros movimientos. Mientras damos cuenta de nuestras viandas

Repuestas las fuerzas, iniciamos el descenso. Guerreros que hemos sido por un rato; príncipes y princesas de ese cuento infantil con el que siempre hemos soñado, y decepcionados al comprobar que la historia no siempre tiene un final feliz. El de esta fortaleza es el de desaparecer.

Las dehesas de esta zona de Extremadura son especialmente bonitas, onduladas, limpias y de una fauna y flora de libro.

Nosotros vamos descendiendo al valle, para retornar al camino

En la dehesa deshacemos lo andado, disfrutando de otro paisaje mediterráneo y exclusivo

En una primavera especialmente bella que contradice a los agoreros que, año a año, nos anuncian que un tiempo tremendo se llevará todo lo nuestro. Que vengan a Extremadura.

Quienes conocen la idiosincrasia del bosque mediterráneo, disfrutan de estos meses, uno o tal vez más, en los que estos campos se muestran inmensos, hay una paz indescriptible y parece que hasta los relojes se paran cada cinco minutos a descansar del tiempo
La Jara es un manto de flores que protege la tierra de la erosión y el tiempo y que anuncia con flores que el calor extremeño ha llegado
Es difícil caminar por el campo y luego no contarlo. Este es el propósito. reflejar en imágenes los colores que se descubren andando Extremadura. Los caminos se conocen cuando se recorren a pie. Los grandes viajeros nunca han tenido prisa. Nosotros tampoco, caminando a unos 4 kilómetros a la hora, tenemos tiempo para descubrirlo todo, y así lo contamos. Que conste.
Vicente Pozas. Abril 2011

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