Alcuéscar. Ruta por la Sierra del Centinela

Esta ruta transcurre por bellos paisajes de la falda de la Sierra del Centinela rodeados de extensas dehesas de alcornoques. En el recorrido nos encontraremos con la Basílica hispano-visigoda de Santa María del Trampal, un sorprendente tesoro histórico. Esta localidad, conformada como la de mayor población de la comarca, se encuentra situada en una acusada ladera en la conjunción de las Sierras de Montánchez y San Pedro.
Nosotros comenzamos la ruta en Alcuéscar, disfrutando de sus calles empinadas y su trazado singular

Cuando comienzas a subir la Sierra del Centinela, Alcuéscar queda abajo y el paisaje de la comarca montanchega se abre a nuestros ojos.

Olivos y dehesas salpican la cara oeste de la Sierra.

Como siempre dejamos testimonio de la ruta, en busca de la Basílica del Trampal.

La Sierra de Montáchez asoma al fondo, en medio Arroyomolinos.

Las brumas de la mañana casi en lo alto de la cima.

Desde arriba podemos observar el conocido Cruce de las Herrerías, descanso del viajero de la Vía de la Plata.

Ahora Alcuéscar está abajo, nosotros somos los centinelas.

Impresionante la Sierra de Montánchez.

El valle adehesado que se sitúa entre ambas sierras, es tierra de encinas y olivos.

Tras disfrutar de los paisajes que ofrece la cima, comenzamos a bajar hacía la ermita de Santa Lucía del Trampal y su centro de interpretación.

La bajada es sinuosa, pero muy gratificante.

Agua en el camino para calmar la garganta.

Madroños para paladares dulces están al alcance de la mano.

Y llegamos a la ermita. No he querido sacar el centro de interpretación porque es el pegote más horroroso que se pueda imaginar, independientemente de su contenido que es bastante curioso, el edificio es un atentado al lugar, al paisaje y al buen gusto.

Esta es la Basílica Visigoda de “Santa Lucía del Trampal”, obra arquitectónica del siglo VII y remodelada posteriormente en estilo gótico, en el siglo XV. Esta ermita es la más sureña de cuantas se conservan en pie en la península, y representa un testigo necesario a tener en cuenta a la hora de valorar la presencia visigoda en estas tierras.

Así es el interior.

Otra perspectiva de la Basílica.

Y un testimonio para el recuerdo.

Nos vamos alejando buscando de nuevo Alcuéscar y la ermita sigue dibujada en el paisaje.

Las primeras huertas nos dicen que hemos llegado.

Ahora podremos disfrutar de un buen vino, han sido 14 kilómetros muy agradables.

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