Ruta de Isabel la Católica. De Cañamero a Guadalupe

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La ruta de Isabel la Católica es una de las clásicas de la comarca de Las Villuercas. Se trata de un trazado que parte de la localidad de Cañamero y finaliza en la Puebla de Guadalupe. 15 kms de dificultad media cuyo punto más alto se encuentra en el Castaño del Abuelo a 980 metros de altitud. En esta ocasión la organizaba el área de dinamización deportiva de la Mancomunidad Villuercas-Ibores-Jara. Un día soleado nos acompañó durante todo el camino. Iniciamos la marcha en Cañamero, donde la organización ofreció avituallamiento.
Salimos de Cañamero buscando la rivera del río Ruecas por una arboleda que nos protege en los primeros metros
Bordeamos la piscina natural del Ruecas que aquí conocen como el charco de la Nutria buscando la primera de las sorpresas

Se trata de la Cueva de la Chiquita, en la que podemos encontrar pinturas rupestres y abrigos del Neolítico, pinturas rupestres de la Edad del Bronce.

Volvemos sobre nuestros pasos y cruzamos por la presa de la piscina que se cierra en verano para disfrute de bañistas. Es un rincón muy frecuentado y bastante bien preparado.

Dejamos la pequeña depresión del río para iniciar el ascenso por un pequeño cerro de monte bajo hasta llegar al embalse del Cancho del Fresno

La subida nos ofrece una vista global de la Cueva de la Chiquita que acabamos de visitar

Al llegar al borde del embalse nos deleitamos con una panorámica de las Villuercas que nos acompañará durante buena parte de la ruta. Enfrente la Sierra de la Madrastra y la Sierra de Sancho

Tomamos entonces un camino ancho que bordea todo el pantano y que mantendremos durante un par de kilómetros.

No ha sido año de lluvias y eso se aprecia claramente en el nivel del agua. Se trata de un embalse 15 hm3 construido en 1987 usado para abastecimiento y riego.

Paseamos entre pinos bordeando el pantano por la zona del Martinete

Así abandonamos las aguas embalsadas para adentrarnos en el Collado del Ventosillo

Se trata de un paraje de jaras, brezos y monte bajo rodeado de sierras que nos deleita con una visión de 360º de unos de los muchos valles de la comarca de las Villercas.

Las Villuercas tiene esta magia especial, las ondulaciones de la cordillera de los Montes de Toledo que la han convertido en referencia mundial al recibir el título de Geoparque Villuercas Ibores Jara

El Collado del Ventosillo tiene sus propias leyendas como esta de la Cruz de Andrade que recuerda la muerte un caminante a manos de un bandolero en 1844

La Mancomunidad nos deleita en este punto con un suculento aperitivo, un pequeño receso antes de encarar la subida hacia el punto más alto de la ruta.

Toca ascender hasta la Sierra del Águila

Detrás de nosotros la Sierra de la Madrila y el Risco Viejo

Aún podemos ver parte del Embalse del Cancho del Fresno detrás de nosotros

Esta pedriza recibe el nombre del Melonar de los Frailes

Ascendemos por la zona de las Ventosillas entre pinares

El repecho se hace más duro a causa del calor a medida que ascendemos

Casi arriba la zona se despeja en este paraje que conocen como las Alberguillas. La ruta de Isabel La Católica no está homologada todavía, aunque ya está bastante señalizada

El camino se hace más ancho, en zonas despejadas con restos de algunos pinos que sobrevivieron al incendio que arrasó parte de Villuercas hace unos años

Restos de lo que debió ser un enorme y frondoso bosque que no sobrevivió al fuego. Al fondo se vislumbra el paraje que alberga otro de los puntos de interés y la cota más alta de la ruta, 980 m de altitud.

Así entre pinares, cerezos y robles se mantiene, vivo aunque no lo parezca, el Castaño del Abuelo, uno de los árboles singulares de Extremadura.

Cuenta la leyenda que los Reyes Católicos descansaron bajo su sombra tras la conquista de Granada, a duras penas mantiene aquella prestancia de siglos, pero se sostiene en pie a pesar de sus oquedades

Un tupido ejército de robles lo vigila y lo rodea justo en lo alto del Collado de la Era del Pico Agudo que dejaremos a la derecha

La Sierra de Guadalupe se deja ver al fondo antes de iniciar al descenso a la puebla de Guadalupe

Dejamos a nuestra derecha el Pico Agudo, 1092 m, al que en el siglo XIV llamaban Mojón de Maltravieso

Nosotros conducimos nuestros pasos entre una fragosa y tupida vegetación compuesta por robles, castaños y madroños; entre los huecos del bosque se pueden ver los valles del Infierno y Valdegracia, donde se encuentra el Palacio de Mirabel, construido en el s. XV para recreo de priores y monarcas

En el camino encontramos la peonía, la rosa de los montes

Nos sorprende el ruido del nido de un picapinos que descubrimos en el hueco de un árbol

Frente a nosotros el pico Villuercas, 1601 m

El descenso descubre Guadalupe a donde dirigimos nuestros pasos

Justo antes de cruzarnos con la ermita de Santa Catalina, s. XVI, en medio de una explanada que la convierte en un mirador excelente de la comarca de la Villuercas, justo en el cruce del camino de Miramontes

La puebla de Guadalupe y el monasterio ofrecen una panorámica magnifica a medida que nos aproximamos

Termina el descenso, afrontamos la última parte del camino antes de ascender hacia la puebla

La última parte del recorrido discurre por el que llaman camino de Vallehermoso para atravesar el puente de Cañamero y continuar por el antiguo camino de peregrinos

Nuestros pies nos llevan a la Fuente del Piojo, a refrescarnos la garganta antes de entrar en la villa

La silueta del monasterio es visible siempre

Las calles de Guadalupe ya nos protegen y los múltiples vendedores de miel, dulces y aceite se acercan a recibirnos

La ruta ha terminado, lo hacemos con una foto de familia en la Plaza de Santa María de Guadalupe en la escalinata del Monasterio. Quince kilómetros y medio después de salir de Cañamero hemos completado el trayecto.

Otro recuerdo queda frente al castaño del Abuelo ante el que dejamos nuestra imagen

Ha sido una manera de conocer de cerca la belleza de Las Villuercas, son muchos los caminos, de peregrinos o no, que abonan la comarca. Un agradable paseo para descubrir que junto a excelentes compañeros de ruta se descubren muchas más cosas de las que ves; escuchar es una práctica que hacemos pocas veces, pero que enseña bastante más que las guías, los libros o los mapas. La experiencia de quienes conocen el camino te denuestra que nuestra riqueza se revela andando Extremadura.-
©vicentepozas2012

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