Dentro del Geoparque Villuercas Ibores Jara hay muchos rincones, rutas, miradores, geositios que merece la pena conocer. Entre estos está el geositio de la Chorrera de Calabazas donde se encuentran un puñado de castaños centenarios de imponente porte; muchos de ellos se ha secado pero aún quedan algunos. Los Castaños de Calabazas es una ruta senderista que parte de la localidad de Castañar de Ibor, sencilla, circular, de apenas 12,5 kms pero que os va a sorprender. Como siempre que se habla de castaños, es aconsejable hacerla en otoño.

Os dejo el track para GPS

La ruta comienza en la misma carretera, nada más salir de Castañar de Ibor dirección Guadalupe, os encontraréis a la derecha con el hostal restaurante Solaire, justo enfrente está la señalización de la ruta y el inicio del camino

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La ruta comienza recorriendo el llamado camino de las Hontanillas situado en un pequeño valle que conforman las Sierras del Castañar y de Porrinas, con picos que superan los 1.000 metros de altitud como El Camorro (1.150 m).

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Estamos en un bosque de castaños y robles en el que se alternan pequeños huertos de olivos que discurre en ascenso, es un camino amplio y cómodo.

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Comienzan a aparecer los primeros castaños, de porte magnífico, pero nada que ver con lo que encontraremos más arriba. Estos, situados al borde del camino, imponen su presencia

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Muchos de estos viejos árboles han sucumbido al paso de los años y solo su tronco seco recuerda que en otro tiempo fueron msjestuosos.

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La ruta nos brinda la oportunidad de apreciar la riqueza biológica que guardan estas sierras. Durante el recorrido que nos lleva hasta la cascada pasaremos junto a bosques de robles, sotos de castaños y numerosos ejemplares de loros, de los últimos de la península ibérica.

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Alrededor de la ruta abundan las pedreras que se extienden en ambos márgenes de la garganta, que son formaciones geológicas superficiales asociadas a la fragmentación de  la cuarcita.

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De un viejo tronco, nuevos brotes, no ha llegado el otoño completamente pero ya despuntan colores.

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El camino discurre paralelo al arroyo de la Fuente que escuchamos de vez en cuando, a pesar de que cuando hicimos la ruta casi no había llovido. Es una zona rica en agua, de hecho hay varias fuentes en estas sierras; Fuente Fría, de la Hoya, de la Cesta, del Cabrero, es quizá por ello que la zona sea tan rica.

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Los árboles se asoman al camino para embellecerlo. Las cámaras disparan a destajo, el día, con una luz muy bonita, invita a ello.

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Así llegamos al Collado del Postuero. Aquí comienza la ruta propiamente dicha de la Garganta del Calabazas hasta el salto o “chorrera” del agua. El camino se allana y comienza un pequeño descenso hasta la garganta.

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Los castaños dan paso a los robles, otro magnífico bosque que nos envuelve, ahora más abierto. La sierra hace una L y nos obliga a girar 90 grados.

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En Extremadura el otoño es un bosque de colores, de setas y hongos, de hojas, de matices. Sólo hay que saber mirar.

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El señor del robledal rodeado de pedreras y árboles que respetan su espacio, se abre el bosque para que su porte pueda ser admirado.. Así de pequeños somos, o así de grande es él.

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Tantos paisajes diferentes en este bosque amable, casi de cuento, que en este día de noviembre luce así de hermoso.

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Hemos llegado al soto de las Calabazas, nos saluda este viejo castaño, su tronco, lo que queda de cientos de otoños en una larga vida que ya no disfrutaremos más.

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Pero los que aún viven son de una belleza impresionante, de un tamaño sobrecogedor, este castaño es uno de los más fotografiados de la zona. Mi amigo Jesús Manso no pudo resistirse a él.

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Sus raíces al aire son únicas, y afloran a causa de la erosión del suelo; conviene no pisarlas para no lastimar los árboles.  Parecen las patas de un pulpo gigante.

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En este soto se pueden admirar diecisiete viejos castaños monumentales  y el gran Quejigo de la Fuente, situados en la ribera de la Garganta del Calabazas. Junto con los castaños se incluyen otros quejigos, acebos, sauces y enebros de singular porte, además de raras especies de orquídeas, madreselvas, rosales silvestres, olivillas, durillos, cornicabras, etc.

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Los Castaños de Calabazas están declarados como Árboles Singulares de Extremadura. Algunos tienen mas de quinientos años y otros cuantos pueden presentar la estampa de centurias a sus espaldas. Además nos llamará la atención la chorrera de Calabazas; un imponente salto de agua, que según temporada presenta distintos atractivos,

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Como ya he contado el  conjunto, declarado como Árboles Singulares de Extremadura, comprende un soto de 17 ejemplares de castaño, Castanea sativa Milar, junto a un ejemplar de Quejigo.

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Se esparcen por toda la zona , entre pedreras y pequeños arroyos, vegetación de matorrales y otros muchos árboles como encinas y robles.

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La ruta recorre un pequeño sendero que va pasando junto a todos los castaños de Calabazas, su tamaño va en proporción a sus años.

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Y tanto que sí, el mayor de todos tiene una copa de 17 metros y un tronco que supera los 8. Tienes que verlos muy de cerca o con alguien que te sirva de referencia para apreciar la magnitud de los castaños.

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Dejamos atrás el soto y descendemos hacia el arroyo, al geositio de la chorrera de las Calabazas, aunque la veremos sin agua, se trata de un pequeño arroyo de poco caudal

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Dejamos el bosque y entramos en el geositio, aquí está presente la piedra, los diferentes aspectos geológicos de las estructuras de plegamiento y fracturación de las sierras más cercanas, sus litologías, los procesos geológicos erosivos y las manifestaciones fósiles. Piedra quebrada, espectáculo, belleza.

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La Chorrera del Calabazas es una cascada fruto de la erosión diferencial que el Arroyo del Calabazas produce al encontrarse en su curso capas de rocas de diferente resistencia.

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Aquí está la pequeña cascada de las Calabazas, sin agua, no suele ser muy caudalosa pero después de un largo verano y un otoño que comienza seco, sigue con este aspecto, aunque encontraréis muchas fotos de ella con la caía del agua

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La diferencia de alturas nos permite ver esta fotografía del Geoparque con la Sierra de Valdelacasa al fondo, o el cerro de Porrinas más cercano. Es una magnífica imagen de Villuercas altas.

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Esta imagen de pura geología es muy característica del geoparque. Piedras plegadas durante siglos y siglos que han dibujado un conjunto de sinclinales y anticlinales.

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La ruta de las Calabazas como tal es un camino de ida y vuelta, aunque nosotros hemos optado por esta ruta circular que evita volver sobre nuestros pasos y que nos regala algunos añadidos interesantes. Este camino recibe el nombre Camino de los Quemados.

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Damos un giro brusco justo al dejar atrás la Casa de las Calabazas y la Fuente del Huerto de las Navezuelas. Comenzamos a ascender por un pequeño bosque.

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Subimos por la ladera del rico Marruecos atravesando este pinar. Esta es la única dificultad que tiene la ruta pues obliga a afrontar una subida que aunque no es en excesivo pronunciada si es larga, pues debemos llegar al Collado del Puerto antes de descender a Castañar.

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Tras una subida larga y sostenida llegamos al Collado, ya podemos ver Castañar de Ibor y la Sierra de Rontomez al fondo y todo el Valle del Ibor en medio. Iniciamos el descenso.

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Los castaños quieren despedirnos, se asoman de nuevo cuando llegamos a la zona del Alisillo, entre pequeños huertos de castaños y olivos.

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Castañar de Ibor, apenas 1.000 habitantes, tiene una ubicación privilegiada en la falda de la sierra desde donde se divisa todo el valle del Ibor, cuenta con el único camping de toda la comarca, tiene piscina natural…

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Casas de piedra que se alternan con nuevas construcciones, la mayoría se adaptan al terreno, construidas salvando el desnivel en calles empinadas que descienden hacia el río.

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La plaza del pueblo, situada en la parte más alta cuenta con unas privilegiadas vistas a la montaña, desde la balconada del ayuntamiento, además de con una recoleta iglesia del siglo XVII y estilo barroco rústico, de la que destaca su altar mayor. Su ayuntamiento, con bar en la parte baja, tiene unas vistas fantásticas.

Aunque su mayor tesoro es el Monumento Natural de la Cueva de Castañar. La gran variedad de formas y su mineralogía es lo que hace a la Cueva de Castañar una cavidad kárstica única en el mundo, es de de extrema fragilidad por lo que solo puede  ser visitada bajo un estricto regimen de visitas. Para acceder a la visita guiada al interior de la cueva es necesario inscribirse en una lista según el procedimiento establecido por la Dirección General de Medio Ambiente, pero es muy difícil conseguir una plaza.

Todo el geoparque, en sí, es una delicia, cada rincón, cada valle, cada ruta, cada geositio, cada camino, cada historia y todas las historias. Un relieve apalachense que guarda la memoria del mundo, cuando hasta aquí llegaba el agua, Este conjunto orográfico ha sido declarado Geoparque al entrar a formar parte, desde el mes de septiembre de 2011, de las Redes Europea y Global de Geoparques auspiciadas por la UNESCO. Desde noviembre de 2015 tiene además la consideración de GEOPARQUE MUNDIAL UNESCO.  Un lugar para perderse y volver a menudo.-

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