Cáceres. Ruta por la Sierrilla y Sierra del Lobo

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Los alrededores de la ciudad de Cáceres son un enjambre de rutas, caminos y senderos; muchos son sendas rurales, otros acceso a fincas, cañadas reales y algunas rutas senderistas por pequeñas veredas que tienen la peculiaridad de ofrecer una vista de la ciudad nada habitual a los ojos. Esta de hoy parte de la popular Sierrilla cacereña y discurre por el cerro del Lobo, tiene apenas diez kilómetros pero podemos alargarla todo lo que queramos enlazándola con otros recorridos. A pesar de su cercanía al núcleo urbano, que cuenta con una variada oferta hotelera, conserva la vegetación dehesa y de bosque mediterráneo. Son caminos muy transitados fáciles de hacer pero vistosos como veréis en las imágenes. Partimos de la sierrilla para tomar la cañada del Casar de Cáceres. Desde aquí los Llanos de Cáceres ofrecen una imagen amplia y tranquila, una alfombra llena de vida
Descendemos por la Sierrilla, hacia el Norte, y enseguida se sitúa a nuestra derecha el Cerro Otero, hay varios caminos, hacia la izquierda podemos llegar hasta el pueblo de Casar de Cáceres, hacia la derecha llegaremos al centro urbano por el barrio de Sanmarquino.
Caminos limpios, muy usados, despejados por el paso de vehículos, bicicletas y personas. Vegetación mediterránea muy abundante.
Pese a la cercanía del bullicio de la urbe quedan restos de la actividad ganadera de antaño. Cabras en primer plano, edificios al fondo.
Nosotros charlamos un rato con Guillermo, uno de los últimos cabreros que quedan en la ciudad. Los animales conocen el camino, aunque no dudan en colarse en algunas fincas en busca de apetitosas flores.
La Universidad Popular de Cáceres señalizó estos caminos hace algunos años en un proyecto para recuperarlos, desafortunadamente la falta de mantenimiento ha terminado con muchas de las señalizaciones, algunas se mantienen en pie
Llano, dehesa, olivares se entremezclan en los límites de esta fronteras de lindes y vallas. Una imagen de uso y abandono de tierras de labranza que la maleza conquista. Esta es la ladera del cerro Otero, frente a nosotros se extiende la penillanuera cacereña.

Dehesas llenas de vida que en primavera ofrecen estampas muy coloridas

Giramos a la derecha, hay un pequeño poste que marca el desvío junto a la linde de una finca, pero hay que estar atentos. El cerro del Lobo muestra su bosque mediterráneo.

El camino se averigua, es fácil seguirlo, no tiene pérdida.

Comenzamos la ascensión a lo alto del cerro, una de estas elevaciones que siempre hemos visto, pero no habíamos coronado. A disfrutar de sus vistas.

A medida que ascendemos, descubrimos los límites de la ciudad, al fondo el Polígono ganadero.

Los Llanos de Cáceres  y Gredos a lo lejos.

Arriba tenemos unas panorámicas de Cáceres poco habituales que cambian el perfil de la ciudad. La torre de la Plaza de Italia, la parte antigua y la sierra de la Mosca detrás.

La Plaza de toros y la Iglesia de Santiago

Cáceres, entre colinas, se ve así desde el cerro del Lobo.

La zona de Mejostilla, una de las grandes expansiones de Cáceres.

Comenzamos el descenso por un pequeño sendero que nos llevará hasta la carretera del Casar de Cáceres y Sanmarquino

Frente a nosotros el Paseo Alto se encara a la vista. Cáceres parece Roma, la ciudad de las siete colinas.

El sendero nos lleva hasta una de las rotondas de la Ronda Norte, mientras bajamos hasta la carretera, la ciudad se alarga con el Parque del Príncipe a la derecha de la imagen
Tomamos un pequeño camino a la derecha que da acceso a las fincas más próximas y que sube hasta la Sierrilla, por el antiguo cordel del Casar de Cáceres y la Vía de la Plata. Aún hay pequeñas explotaciones ganaderas, más testimoniales que prácticas.
La arquitectura rural ofrece estos accesos tan vistosos, en la mayoría de los casos en desuso pero bien conservados, hoy son un valor añadido de la finca

Al ascender por la Sierrilla descubrimos, al fondo, la localidad de Casar de Cáceres

Hoy estas parcelas mantienen su esplendor antiguo, aunque ahora su uso sea más orientado al ocio y segundas viviendas

Desde aquí se observa el cerro del Lobo donde hemos estado

Ya desde la Sierrilla la ciudad parece más lejana pero es solo un efecto óptico, el ruido está apenas a un par de kilómetros.
Así termina esta sencilla ruta, de dificultad baja pero de paisajes  sorprendentes porque rozan una ciudad enclavada en mitad de parajes rurales bien conservados. Está bien adentrarse en estos caminos, atreverse a abandonar las zonas asfaltadas, los carriles trazados por un urbanismo más moderno, más orientados al ocio y el paseo, pero al fin y al cabo,  ordenados por normas; carreteras, paseos ornamentados que hacen olvidar que, justo al lado, el espectáculo te embauca con solo olerlo. Una capital de provincias permite encantos como este.-
Preparados para la próxima ruta.
©vicentepozas2012

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